Alsacia, un cuento que se recorre en familia
Alsacia tiene algo mágico. Es como abrir un libro de ilustraciones y que, de repente, los dibujos cobren vida: casitas de colores, flores en cada balcón, cigüeñas en los tejados y calles empedradas que parecen sacadas de un cuento.
Lo mejor es que todo esto se disfruta a ritmo familiar: los pueblos están muy cerca unos de otros, son tranquilos y peatonales, y siempre hay un rincón para que los peques corran, se suban a un columpio o se coman un bretzel.
Te cuento nuestra ruta de 3 días por Alsacia en familia, con base en Colmar, con mapas, recomendaciones y esas pequeñas cosas que marcan la diferencia cuando viajas con niños.
Contenidos del post
La forma más cómoda es volar a Basilea-Mulhouse (a unos 45 minutos de Colmar) o a Estrasburgo (1h). Nosotros llegamos en coche porque hicimos ruta desde Lyon, y la verdad es que tener vehículo allí es imprescindible para moverte de pueblo en pueblo.
Colmar es el corazón de la ruta, así que es el lugar perfecto para dormir.
Nosotros nos alojamos en un HomeExchange en la Rue de la Soie. Fue todo un acierto: cocina, espacio para los niños y la sensación de estar viviendo en una casa alsaciana de verdad. Eso sí, lo mejor fue cuando el vecino nos regaló un pan enorme tipo brioche al enterarse de que viajábamos con niños. Imagínate las caras de los peques desayunando eso ????.
Si prefieres hotel:
•Hôtel Turenne, sencillo y familiar.
•James Boutique Hôtel, moderno y acogedor.
Organizar una ruta por Alsacia es tan fácil como dejarse llevar de pueblo en pueblo. Las distancias son cortas, las carreteras atraviesan viñedos y cada parada parece más bonita que la anterior. Eso sí, conviene marcar un orden para no dar vueltas de más y aprovechar bien el tiempo, sobre todo si viajas con niños.
Aquí te dejo nuestra propuesta de 3 días en Alsacia con base en Colmar, con mapas incluidos para que puedas seguir el recorrido paso a paso.
El primer día arrancamos con energía y muchas ganas de cuento. Tres pueblos muy cercanos entre sí que parecen diseñados para un día tranquilo en familia: calles circulares, casitas de colores y una “pequeña Venecia” que siempre sorprende.
Es pequeño y circular, ideal para caminar sin perderse. Los niños iban contando las cigüeñas que veíamos (spoiler: más de diez).
Un paseo rápido por su muralla medieval. Si vais en verano, no os perdáis el recorrido del sereno con su lámpara y capa. Mis hijos alucinaban porque parecía que habíamos viajado en el tiempo.
Tarde en la Petite Venise. Paseo en barquita incluido: ya solo por ver cómo se peleaban por llevar “el timón” merece la pena.
El segundo día es para saborear la Alsacia más auténtica: castillos en lo alto, puentes fortificados y pueblos rodeados de viñedos. Aquí la cámara no descansa y los niños tampoco: entre galletas, pasteles y rincones medievales, no hay momento de aburrimiento.
Un puente fortificado y un castillo que se sube sin demasiado esfuerzo. Mis hijos decidieron que era “su castillo” y lo defendieron a capa y espada (de palo, claro).
Aquí el reto fue elegir en cuál de todas las pastelerías entrar. Al final salimos con galletas bredele y un kougelhopf que desapareció en cinco minutos.
Medieval, con torres y un aire mágico al caer la tarde. Perfecto para cenar antes de volver a Colmar.
El último día lo reservamos para la capital alsaciana. Estrasburgo mezcla la grandeza de su catedral con la calma de sus canales, y pasear por La Petite France es el broche perfecto antes de volver a Colmar y despedirse de la región.
La catedral nos dejó sin palabras. Pero lo mejor para los peques fue corretear por La Petite France, con canales, puentes y patos incluidos.
•Tarte flambée: una especie de pizza fina con crema y panceta, éxito asegurado.
•Bretzel: merienda oficial de mis hijos durante toda la ruta.
•Choucroute: plato contundente, ideal para compartir.
•Kougelhopf: bizcocho alsaciano en forma de corona. Perfecto para desayunar.
Alsacia es un viaje que se disfruta sin prisas, con los niños corriendo entre casitas de colores y tú pensando que quizá, solo quizá, has entrado en un cuento de hadas.
Volvimos con la cámara llena, las manos pegajosas de tanto kougelhopf y la promesa de que algún día repetiríamos. Porque Alsacia engancha, sobre todo si la descubres en familia.
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